miércoles, 6 de mayo de 2015

Cuando de tres se trata [Capítulo 2]



Declaimer: Ninguno de los personajes de Hetalia me pertenecen.


-BLOODY HELL!-

El grito alertó a más de uno y algunos corrieron despavoridos lejos de la oficina del jefe a penas y verlo con aquella cara que no auguraba nada bueno.

Arthur tomó su saco y fue al aeropuerto dispuesto a tomar el primer vuelo rumbo a Nueva York deteniéndose a mitad del camino, debido a que era algo exagerado ir hasta América por un maldito niño que no le preocupaba en lo más mínimo, pero.... Tenía una semana.... UNA bloody semana sin saber nada del mocoso y eso le estaba destrozando los nervios.

Desde que había salido de la fiesta seguido de Rusia, supo que algo no estaba bien, pero esos fucking latinos habían logrado bloquearle el camino y no solo a él, sino a todo aquel que hubiera querido abandonar la fiesta.

Algo estaba ocurriendo y a pesar de que, por suerte, no había anuncio alguno de una guerra entre los dos países, ni siquiera de nuevas hostilidades, le preocupaba el hecho de que Alfred no le contestara ninguna de las llamadas que le hiciera desde ese día.

Alemania también estaba preocupado, según sus informes Iván tampoco aparecía; y como los malditos rusos no tenían tan buenas relaciones con su gobierno, la única respuesta que pudo sacarles fue un "El señor Rusia se encuentra de vacaciones por tiempo indefinido, en cuanto se presente le informaremos de su llamada."

Sacó su celular y por vez cuatro mil quinientos noventa y siete marcó al número personal de América y por vez cuatro mil quinientos noventa y siete este lo mandó a buzón.

-STUPID GIT!-

Las personas a su alrededor, lo miraron confundidos  murmurando un par de cosas antes de ser fusilados por su mirada. No estaba de humor, y que estuviera rodeado de chismosos solo lo exacerbaba, respiró un par de veces para calmarse, miro el teléfono en su mano por unos instantes antes de marcar a la oficina americana y dejar un recado a la secretaria en turno, acto seguido hizo lo mismo con la oficina en Rusia, para rematar con una llamada a Alemania, Japón, Italia, Francia y por poco se olvidaba de ¡Canadá!.

-Mañana en Westminster G-8 a las diez-

No dijo nada más y tampoco fue muy necesario, la mayoría ya sabía a qué venía el extraño y por demás irritante comportamiento de inglés.

Sabía que no debía estar de vacaciones, pero ¡Hey
!, que se merecía un descanso de vez en cuando.

Se estiró un poco más en la cama, sintiendo el calor de los otros dos cuerpos uno a cada lado.

-Alex....- murmuró medio dormido el americano mientras lo giraba y lo aferraba de la cintura acercándolo más a él de tal modo que podía sentir la respiración de este en su cuello; por inercia ¿Por qué no era la primera vez que esto sucedía? el europeo entrelazaba las piernas de ambos mientras hundía la nariz en el cabello de su nuca balbuceando algunas palabras en ruso.

Gimió quedamente sin siquiera notarlo removiéndose un poco, logrando que ambos extranjeros sonrieran más dormidos que despiertos, sintiendo como de pronto ambos comenzaban a acomodarse mejor y besar el pedazo de piel más cercano a ellos, explorándolo aún con los ojos cerrados.

-Mmmm-

Iván se pegó más a él haciéndole notar que se encontraba más que feliz aquella mañana y Alfred que se encontraba en la misma situación, movió sus caderas friccionando su miembro con el propio, ahora sí, logrando arrancarle un gemido que se ahogó con un beso que lo tomó por sorpresa, pero correspondió gustoso, dejándose hacer por aquel par lo que quisieran, y así paso la mañana y parte de la tarde.


Canadá mientras tanto trataba con ahínco de localizar a su hermano, sabía que estaba con Alejandro e Iván, porque él sabía el tipo de relación que tenían aquellos tres desde hace un par de meses y aunque le perturbaba un poco, nunca había visto tan feliz a su hermano.

-Tengo hambre- boca abajo y con la cabeza bajo la almohada el moreno se debatía entre levantarse de la cama o no.

-Pediré algo de comer-

La mano del estadounidense acarició con ligereza su espalda mientras tomaba el teléfono para marcar a servicio a la habitación.

-Ni se te ocurra ordenar solo hamburguesas-

Se incorporó lo más rápido que pudo, conteniendo un gemido de dolor por el brusco movimiento, mordiéndose el labio para no gritar y mirando molesto al gringo, este le miró inflando las mejillas como niño pequeño a punto de replicar cuando sintió como alguien le arrebataba el teléfono para girarse y toparse con el europeo quien ya se encontraba pidiendo algo decente y sin mirarles se metió al baño.

-What?-

Frunció el ceño molesto y volvió a girar la cabeza en clara actitud de "¡Hizo algo malo, dile algo!" a lo que el otro solo se encogió de hombros y se volvió a acomodar en la cama con cuidado y trató de volver a dormir.... cosa inútil ya que enseguida sintió como Alfred empezaba a colar las manos entre la sabana.

-Alfred mmmh-

Aunque era una queja tenía más tintes de gemido que prefirió dejar de hablar y cerrar los ojos olvidándose de todo y correspondiendo las caricias del norteamericano hasta que el sonido de su teléfono lo distrajo.

-Aaa...Al...Fred... Mmmgg... Tengo....Aaaah...-

Con la respiración entrecortada, la cabeza embotada y las extremidades entumecidas, consecuencias del post-orgasmo, tomo el teléfono y contestó sin siquiera fijarse quien llamaba.

-Diga-

Parpadeó al escuchar la voz del canadiense saludándolo y después de una breve charla y una disculpa pidió hablar con su hermano quien en ese momento tenía aquella sonrisa que tanto le disgustaba, pero que de alguna forma lo hacía estremecerse. Le pasó el celular indicándole que era su hermano, mirando al ruso salir del baño y acercándose lentamente solo con una toalla sobre los hombros y el cabello aun goteando.

-Teper' moya ochered' (Es mi turno.)- Le ronroneó en el oído provocándole un escalofrío cuando comenzó a descender lentamente repartiendo besos por el cuello y pecho, haciéndole olvidar por completo del ojiazul.

-¿Where?-

-Westminster, mañana a las diez hora de Londres- le contestó un poco cohibido por los ruidos que se lograban escuchar del otro lado, preguntándose cómo demonios Alfred no se sentía ni un poco incómodo. -Brother.... yo....- no tuvo el valor de terminar la frase al escuchar un fuerte jadeo y realmente no quería saber de quién, así que aún a pesar de estar totalmente rojo se despidió lo más educadamente posible y colgó.

Alfred que también se había perdido entre los sonidos, pero por otros motivos decidió que si quería llegar mañana a la junta debía tomar un vuelo durante la noche, así que aprovecharía las horas que le quedaban. Apagando ahora también el celular del mexicano y dejándolo olvidado como había pasado con el suyo y el del ruso.

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